Este relato refleja una realidad que puede sentirse lejana, sin embargo es la realidad que muchas personas viven, debido a las alteraciones que puede sufrir nuestra mente, aquellas malas jugadas que pueden convertir el momento más mágico en una triste verdad.
A esta altura de mi vida ya no sé que es la locura, ha vivido y ha dormido conmigo, me miro al espejo y aún me persigue, siento que me respira al oído y me susurra los momentos de aquel día; los días tristes siguen latiendo por su ausencia…
Conocí a Pierre hace ya más de 5 años, media como un metro ochenta y algo más, sus ojos eran el reflejo del océano, sus manos y su piel simulaban la blancura de mi alma, que por cierto se la entregué y no me la devolvió; sus labios eran más etéreos que la misma nobleza, su corazón y el mío forjaban un nudo inmenso. Al pasar las noches y los días, atamos nuestras vidas, y cuando digo atamos, aunque ya no estemos juntos, es como si así fuera… es un maldito recuerdo, que no me deja… o mejor que no lo dejo.
Pierre me saturaba la sangre con versos y sinfonías, sabía que el lado dulce de mi alma se media por las flores, por las noches de miles de estrellas con fugaces besos de amapolas. Sabía qué el desayuno de caricias con abrazos revueltos y sabanas calientes era más que suficiente para comenzar mi día. Que persona tan impecable, tan perfecta, tan sublime…. era él y nadie más, era él el que en mis sueños estaba.
Aun conservo con nostalgia el primer verano que pasamos juntos. Siempre que lo recuerdo las lágrimas inundan mis ojos; es una combinación de sentimientos, es una tristeza infinita, es la simple melancolía de felicidad. Era un día cálido, enfrente de un lago impaciente que hacía juego con el azul profundo del cielo; él lucía más radiante que ese azul eterno y yo vestía jazmines en tela que resaltaban mi emoción; los besos sobrepasaron la profundidad del lago, la piel se fundió en un solo tapiz.
Pasaron doscientos setenta y nueve noches con sus días para que Emilio tuviera su primer aliento, para que viera el mundo con sus propios ojos, para que viera al dulce Pierre, para que nuestros corazones latieran separados. Emilio tiene pintado su rostro con sus pecas y sus labios, tiene sus cejas fruncidas y sus ojos del mar de su padre y con ellos la nobleza de los míos; su imaginación vuela más lejos que cualquier cometa. Emilio salta en los hombros de Pierre y se enlaza a su pecho, lo abraza y lo cuida. Ya dejó de tararear el español para susurrar las letras en francés y quizás termine leyendo cuentos y poemas en la torre Eiffel.
Me llamo Manuela, tengo 27 años, unos cuantos meses y un poco de días, y a veces no sé quien soy ni donde estoy. Soy docente de la demencia en una universidad de arquitectos, enseño a diseñar y a modelar la ética, a reconocer las mentiras a partir de las verdades, siendo cuerdos en esta vida confusa. Viví con Pierre hasta hace seis meses… y cada vez que lo digo, el nudo de mi garganta me inunda por completo mis entrañas. Vivimos la vida al alcance de la felicidad, con la ternura y la pasión como testigos. Nuestra casa estaba rodeada de pinturas que Emilio dibujó, las paredes eran interminables autobiografías, el sofá se vestía de seda con recuerdos del amor, la alcoba fue cómplice de los pecados y las banalidades. Nos rodeaba la música de Pedro Guerra y Lisa Hannigan, cantaban para nuestro aposento, entonando sus versos sin fin en nuestros corazones forajidos. Disfrutábamos del atardecer y del ocaso, de su paso al oscuro profundo y su retorno a la luz.
Pero después de ese día… las flores ya no llegan, el poema se acabó, lo que un día fue amor en amargura se volvió…
Regresaba de un mal trecho día de trabajo, con los pelos de punta y los hombros caídos, caminaba sin cesar con el ánimo de recuperar fuerzas al lado de Emilio y Pierre, de tocar sus labios y sus manos, de sentir sus almas junto a la mía; ese día no debió haber pasado, no debió haber ocurrido. Estando yo a pocos pasos del edificio donde reposaba nuestra morada, me percate de unos hombres de verde (con ulular de sirenas) que rodeaban la cuadra, tenían una cinta amarilla que negaba mi acceso al único espacio que me brindaba la tranquilidad y la felicidad que alimentaba mi ser. Un hombre de alta estatura con facciones de otro mundo y locura incesante, tal vez de amor, tal vez de odio, tal vez de desespero, amenazaba a un niño y a su criada con un cuchillo. El niño lloraba como si recién estuviera naciendo y su criada como si ya fuera muriendo. Mi corazón latía cada vez más fuerte y mi sangre se negaba a creer que era Emilio el que lloraba. Pierre nunca me lo dijo, lo ocultó de la forma más promiscua y perversa…
Aún me pregunto por qué no me lo dijo, por que ocultarme a mí, su esposa, su confidente, su amante, su compañera… creería que no lo apoyaría? creería que lo trataría como a su psiquiatra? …
Tuve que saberlo de la manera más vil y humillante, mi Pierre con quien había convivido y hecho mi castillo, tenía trastornada su personalidad desde muy joven, tenía distorsiones en el pensamiento, tenía esquizofrenia. Tomaba a diario su medicina muy temprano y en la noche la repetía sin yo darme cuenta. ¿De qué más no me di cuenta? Ese día, al parecer, Pierre olvidó sus pastillas de la felicidad, las pastillas que me llevaron a un falso cielo, a un falso castillo sin bases… Pierre amenazaba a Emilio y a Lucía, tenía en su mente la imagen de fuerzas extrañas que lo ponían al margen de este mundo, negaba su propia realidad y se sentía odiado por la raza humana. Emilio no comprendía lo que su padre hacia. Lucía no sabía en qué lio se metía. Después de unos cuarenta minutos apocalípticos, pude entrar a aquel viejo edifico, con tres de los hombres de verde a mis espaldas y otro con una cruz pintada en su casco, subí despacio los cinco pisos que me separaban de la superficie terrenal, aunque más parecía que estuviese descendiendo al mismo infierno. Al abrir la puerta del apartamento Pierre no me reconoció, gritaba cual cerdo antes de morir, tarareaba en otros idiomas y se golpeaba la cabeza con sus manos, se agachaba y brincaba, tomaba a Emilio de los brazos y lo llevaba de un lado para otro persiguiendo a Lucía con el cuchillo, se quedaba quieto, reflexionaba y volvía a empezar. Yo pasmada aun en la puerta inmóvil al ver a Emilio desconsolado y confuso, no entendía la vida, me sentía pérdida en un mar de enredos y cables. Empecé a sentir cosquillas de locura en mi cabeza, y sólo buscaba la forma de recuperar a Emilio. No sé qué tanta realidad haya yo visto, o cuanto de ese momento sea sólo mi imaginación. En un minuto largo, de esos en que siente que ha pasado una vida entera, Pierre en in intento de volver a la realidad soltó a Emilio, Lucía lo tomo entre sus brazos y corrió a través de las puertas, por entre la cocina, y atravesando la sala llegó a mis brazos, Lucía ya sangraba, Emilio se desmayaba y yo solo lloraba. Aquellos hombres detrás de mí, entraron presurosos a golpear fuertemente a aquel ser que en algún momento me dio la vida y luego me la quitaba.
Un mes después de análisis, Pierre, por fin con valentía y timidez, me contó lo que pasaba por su cabeza mientras compartíamos los supuestos momentos felices. Él creía ser un asesino perfecto que nada ni nadie lo detendría. La excitación y la fuerza que pasaba por cada una de sus venas y arterias de su cuerpo le encantaban a tal punto de recrear en su mente los momentos más dañinos y dolosos que le brindaban un placer infinito. En lo más profundo de su mente pensaba en los detalles de su cruel acto, pensaba en su víctima, en como la luz de sus ojos se debilitaría y se apagaría sin más volverla a ver, pensaba en el último aliento que podía tomar su víctima, en lo débil, desnuda y sutil que yacía …
No quise oír mas, estaba en frente de otro ser, un ser al que solo podía comparar con las películas de terror, al que solo quería que saliera de mi vida y que no dañara los buenos momentos que posaban en mi mente… no lo podía creer… oh mi Dios!
Veo el ocaso y el amanecer de mi vida, me despierto acompañada y sola. Sigo mi rutina al colegio y al trabajo y vuelvo como a las seis de la tarde con la locura de ver a Emilio como Pierre.
HEIDI
ResponderEliminarQue refrescante blog, música creativo y lo mejo un extraordinario relato que muestra competencias literarias muy interesantes ; sigue construyéndolo...te dará muchas satisfacciones
Jairo
HEIDI
ResponderEliminarReitero mis felicitaciones por tu blog y escucho tan agradable musica muentras escribo esto y leo tu relato y pienso en tu vena lieraria y pienso también que mundos tan extarordinarios tienen las personas dentro de si así que te agradezco el permitirme conocer un poco de ese mundo interno tuyo
Felicitasiones
Jairo
Nota 5.0-